La silicona es uno de los mejores aislantes eléctricos que existen. Resistividad volumétrica del orden de 10¹⁴ Ω·cm, rigidez dieléctrica superior a 20 kV/mm. Exactamente lo contrario de lo que se necesita cuando el objetivo es disipar una carga electrostática o mantener continuidad eléctrica entre dos superficies.
La silicona conductora existe para resolver esa contradicción. Se incorporan cargas de carbono en la matriz del polímero durante la formulación, y esas partículas crean caminos de conducción eléctrica a través de todo el volumen del material. El resultado es un elastómero que mantiene las propiedades útiles de la silicona — flexibilidad, rango térmico de –40 a +200 °C, inercia química, compresibilidad — pero con una resistividad eléctrica varios órdenes de magnitud inferior a la silicona estándar.
Eso no la convierte en un conductor. La convierte en un material con conductividad suficiente para ciertas aplicaciones y completamente insuficiente para otras. Saber dónde está ese límite es la diferencia entre una especificación correcta y una que va a generar problemas.
Qué hace el carbono dentro de la silicona
Las partículas de carbono dispersas en la matriz de silicona forman una red de contactos entre sí. Cuando la concentración de carga supera un umbral crítico — el umbral de percolación — esos contactos crean caminos continuos de conducción eléctrica a través del material. Por debajo de ese umbral, la silicona sigue siendo aislante aunque tenga carbono dentro.
Lo importante de este mecanismo es que la conductividad es volumétrica. No depende de una capa superficial, un recubrimiento ni un tratamiento. Si se corta la lámina, la sección expuesta es igual de conductora que la superficie original. Si se comprime, los caminos de conducción se mantienen o incluso mejoran ligeramente por el acercamiento de las partículas. Si se desgasta por uso, no pierde la propiedad.
Es una diferencia fundamental respecto a las soluciones superficiales — pinturas conductoras, metalización al vacío, recubrimientos de níquel — que se degradan con el tiempo, la abrasión y la flexión.
La contrapartida es que la carga de carbono penaliza las propiedades mecánicas. Una silicona estándar de 65 Shore A puede alcanzar 8–9 MPa de tracción y 25–30 kN/m de desgarro. La misma dureza cargada con carbono se queda en torno a 5,5 MPa y 15 kN/m. Son valores perfectamente funcionales para juntas, pads y revestimientos, pero hay que tenerlos en cuenta si la pieza va a trabajar bajo esfuerzo mecánico significativo.
Y el color es negro. Siempre. No hay opción. El carbono que da la conductividad da también el color, y no se puede cambiar sin cambiar la propiedad eléctrica.
Dónde funciona y dónde no
La resistividad superficial típica de una lámina de silicona conductora cargada con carbono está en el orden de 10² Ω/□ (ohmios por cuadrado). La resistividad volumétrica se sitúa habitualmente entre 10¹ y 10² Ω·cm, según formulación y nivel de carga.
Esos números definen exactamente para qué sirve y para qué no.
Protección ESD
La mayoría de normas ESD (IEC 61340, ANSI/ESD S20.20) requieren que las superficies de trabajo y los materiales en contacto con componentes sensibles tengan una resistividad superficial inferior a 10⁶ Ω. La silicona conductora está varios órdenes de magnitud por debajo de ese umbral.
Disipa cargas electrostáticas de forma controlada sin generar descargas bruscas que dañen componentes. Alfombrillas de trabajo, revestimientos de bandejas de transporte, bases de estaciones de prueba — todo eso funciona correctamente.
Puestas a tierra de baja exigencia
Contactos de interfaz entre componentes metálicos que necesitan continuidad eléctrica sin conexión rígida. La flexibilidad de la silicona absorbe tolerancias de montaje, dilatación térmica y vibración, manteniendo el contacto donde un conductor rígido lo perdería.
No es un conductor de potencia — es un camino de baja resistencia para drenar cargas o mantener equipotencialidad.
Juntas con doble función
Cuando una junta necesita sellar mecánicamente y al mismo tiempo proporcionar continuidad eléctrica entre las superficies que une. Carcasas de equipos electrónicos, cajas de conexión con requisito de puesta a tierra, interfaces entre blindajes.
La compresibilidad de la silicona permite adaptarse a irregularidades superficiales mientras la carga de carbono mantiene la vía eléctrica.
Entornos ATEX
En atmósferas potencialmente explosivas, cualquier superficie no conductora puede acumular carga electrostática suficiente para generar una chispa de descarga. La silicona conductora disipa esa carga de forma continua. Su rango térmico de –40 a +200 °C la hace compatible con la mayoría de entornos industriales donde se aplica normativa ATEX.
La adecuación en zona ATEX depende del diseño completo del sistema y de la continuidad eléctrica efectiva con la estructura puesta a tierra.
Apantallamiento EMI
No funciona para apantallamiento EMI serio. La atenuación electromagnética que proporciona una lámina de silicona con carga de carbono es limitada — del orden de 10–20 dB en frecuencias bajas, y decrece en altas frecuencias.
Para apantallamiento efectivo en el rango de GHz se necesitan cargas metálicas (plata, níquel, cobre-plata) o mallas metálicas embebidas, que ofrecen atenuaciones de 60–100 dB. Si el requisito es cumplir MIL-DTL-83528 o niveles de atenuación superiores a 40 dB, la silicona con carbono no es la solución.
En estos casos, la silicona cargada con carbono puede utilizarse como junta de continuidad eléctrica, pero no como elemento principal de apantallamiento.
Conducción de potencia
No funciona como conductor de potencia. Una resistividad de 10¹–10² Ω·cm es varios órdenes de magnitud superior a la de cualquier metal. Para transportar corriente con eficiencia energética, esta silicona no es una opción. Su función es disipar carga estática y mantener continuidad de baja intensidad, no sustituir un cable.
Lámina vs. extrusión: dos formatos, un material
La lámina de silicona conductora es el formato más versátil para aplicaciones planas: juntas troqueladas según plano, alfombrillas, revestimientos, pads de contacto. Espesores habituales entre 0,3 y 10 mm, con formatos estándar en rollos. Se corta con cuchilla, se troquela con herramienta convencional y se monta directamente.
Lámina de Silicona Conductora
Lámina de silicona cargada con carbono para protección ESD, puestas a tierra y conducción de baja intensidad. 65 Shore A, espesores 0,3–10 mm.
Ver producto →Para geometrías que no se resuelven con una lámina plana — tubos conductores, perfiles de sección compleja, cordones, juntas conformadas — el mismo tipo de compuesto se formula para extrusión, con resistividades volumétricas en el mismo orden de magnitud según formulación.
El formato cambia; el principio eléctrico se mantiene. La elección entre lámina y extrusión la determina la geometría de la pieza, no el requisito eléctrico.
Una jerarquía clara
A nivel práctico, la jerarquía es simple:
- Silicona estándar → aislante (≈10¹⁴ Ω·cm).
- Silicona conductora con carbono → disipativa (≈10¹–10² Ω·cm).
- Silicona con partículas metálicas → altamente conductora, orientada a EMI exigente.
Cada una responde a un problema distinto. Confundirlas es un error de especificación.
Lo que hay que especificar
Cuatro datos definen una pieza de silicona conductora:
El espesor, que determina compresibilidad, rigidez mecánica y tolerancia dimensional. Un pad de contacto en una carcasa electrónica compacta puede requerir 0,5–1,0 mm. Una alfombrilla ESD puede trabajar en 3 mm. Un soporte antivibratorio con puesta a tierra puede necesitar 6–10 mm.
La geometría de la pieza: rollo completo para corte in situ, corte rectangular para aplicaciones simples, troquelado según plano para juntas, arandelas o perfiles específicos.
El requisito eléctrico real: protección ESD, continuidad de puesta a tierra o atenuación EMI. Si es ESD o continuidad eléctrica básica, la silicona con carbono cubre el requisito. Si es EMI exigente, hay que definir frecuencia y nivel de atenuación antes de seleccionar material.
Y el entorno de trabajo: temperatura, agentes químicos, compresión permanente o cíclica, exposición a UV. La silicona conductora mantiene sus propiedades eléctricas y mecánicas entre –40 y +200 °C. Fuera de ese rango, las propiedades mecánicas pueden degradarse aunque la conductividad se mantenga.
El resto es geometría y espesor.
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